El precio de la verdad


Este es el tradicional caso en donde se pone en duda el beneficio de la verdad. Pese a que se pueda debatir mucho sobre el tema, por más cruel que puedas ser, sigo creyendo que la verdad es lo único que nos hace libres. Aunque, a veces, el precio de buscar y, aun más, de enfrentar la verdad es muy alto.


Roger Cohen, periodista de The New York Times, escribió una columna en la que cuenta cómo ayudó a que dos niños, Gonzalo y Matías Reggiardo Tolosa, recuperasen su identidad a principios de los ‘90. Sin embargo, se pregunta hasta dónde su aporte fue positivo para la vida de los chicos."A mediados de los '80, era demasiado pronto para conocer la dimensión de los crímenes de los generales (…) Pero empezaban a surgir nuevos detalles. Uno, la posibilidad de que unos mellizos hubiesen sido secuestrados de los brazos de una mujer asesinada por un oficial argentino de la Policía, de nombre Samuel Miara", cuenta Cohen. Esta impactante historia lo llevó en 1987 a Asunción, Paraguay, donde este represor y su familia se hallaban viviendo tras la caída de la Junta Militar.Por su parte, las Abuelas de Plaza de Mayo se habían enterado de la posibilidad de que los mellizos de Miara fuesen hijos de desaparecidos. Cohen había entrado en contacto con la familia de Liliana Ross, una estudiante de medicina secuestrada el 12 de diciembre de 1976 y que aún permanece desaparecida. De ella se supo que en cautiverio había dado a luz a dos niños, a quienes llamó Gustavo y Martín, el 22 de abril de 1977 en la cárcel de Olmos.Ya en Paraguay, y frente a Miara y a los dos pequeños rubios que jugaban al fútbol en el jardín, Cohen preguntó al ex policía: "¿Es usted el que robó un par de mellizos después de que su madre fue asesinada por el Ejército Argentino? ¿Estos chicos, a quienes usted llama Gonzalo y Matías Miara, son en realidad Gustavo y Martín Rossetti?".Miara no contestó y se limitó a mostrar al periodista fotos de su mujer atravesando los primeros meses de embarazo, aunque no los últimos. También "despotricó contra los 'izquierdistas'", cuenta el periodista.Luego de que el Wall Street Journal publicara la nota de Cohen, el caso comenzó a moverse. Se demostró que Miara no era el padre de los niños. En 1991 fue declarado culpable del secuestro de menores durante la dictadura militar, sanción ratificada en 1995 tras apelación."Se ha hecho justicia, pensé”"Se ha hecho justicia, pensé, se ha hecho una buena obra. Hasta que llegué aquí esta semana, buscando a los mellizos de 30 años, y encontré más resentimiento que reconciliación", afirma Cohen. Al parecer, los estudios de ADN habían demostrado que Gonzalo y Matías no eran hijos de Liliana Ross, sino de María Tolosa, una joven secuestrada junto a su marido Juan Reggiardo, que luego fueron asesinados.Los chicos no tuvieron un hogar estable desde 1990. Pasaron un tiempo junto a su tío Eduardo Tolosa, pero la convivencia habría sido desastrosa, por lo que fueron entregados a una familia sustituta. Hoy, ninguno de ellos habla con la prensa, y se dice que mientras uno lleva consigo una fotografía de su madre biológica, el otro continua visitando a Beatriz Miara, la mujer que lo crió y a quien está muy aferrado."Estos chicos fueron un botín de guerra y, de algún modo, los secuestradores instigaron al asesinato de sus padres", contó a Cohen Rosa Roisinblit, vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. "Sin embargo, los chicos se aferraron a los monstruos", agregó. Hoy Cohen, desde su columna, duda si hizo bien en ayudar a estos chicos a encontrar su verdadera identidad. "¿Verdad o justicia? –se pregunta-. Cada sociedad que sale del terror debe elegir. Pero la verdad es menos prolija, y la justicia menos adecuada que lo que reconocemos", admitió.


Fuente: Infobae

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2 Comments:

At 10:54 p. m., Blogger ©Iv4n4 said...

Yo siempre pensé eso... corazon que no ve corazon que no siente...

 
At 1:50 p. m., Blogger amaliovilla said...

Es justo que el precio de algo tan valioso como la verdad sea siempre alto.

Desde cualquier punto de vista lo que hizo el periodista ayudó a los chicos.

Les dio la libertad de elegir. Elegir en qué creer, a quién amar.

 

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